La carta del fundador
Por qué existe Valuant

Mis abuelos tenían una empresa familiar. Una pyme como tantas: años de trabajo, un oficio aprendido despacio y un equipo que dependía de ella. Cuando llegó el momento de la sucesión, no había relevo en la familia y se planteó la venta. No hubo asesor, ni experiencia, ni proceso. Se vendió a un conocido del sector, alguien de la zona, ya que fue el primero y probablemente el único que mostró interés real en la empresa.
Años más tarde acabé al otro lado de la mesa, asesorando ventas de empresas. Es un trabajo del que se habla poco y que a mí me parece un privilegio: acompañar a alguien que ha sido valiente, constante y disciplinado durante toda una vida, justo en la última fase de ese esfuerzo. Pero también volví a casa muchas veces con la sensación de no haber hecho lo suficiente. No por falta de ganas: por falta de tiempo y por exceso de trabajo. Me habría gustado poner delante de cada propietario todas las opciones que existían de verdad en el mercado, ordenadas, priorizadas y en semanas. A mano no se puede: no dan las horas.
Valuant es la respuesta a eso. Una firma propia, con un sistema propio y, sobre todo, con mis valores y mi forma de trabajar, construida sobre una idea sencilla: dar el servicio que a mí me gustaría recibir si confiara a alguien la operación de mi vida. La tecnología no está aquí para sustituir al asesor, sino para eliminar exactamente aquello que me impedía serlo del todo. Hoy podemos identificar y contactar, uno a uno y sin exponerle, a los compradores que de verdad encajan con su empresa, y dedicar las horas que eso libera a lo único que no debería automatizarse nunca: acompañarle.
«Ser la persona que ayuda a catalizar el esfuerzo de toda una vida. Eso es lo más bonito de este trabajo.»




